domingo, 30 de marzo de 2008
Canción de amor
que mi vida sera feliz, que me cuidaras como a una reina, que mi hasta donde mi vista alcance sera mi reino, que la tristeza jamás se adueñara de mi corazón.
ay pero... como decirte que yo amo a otro. Que te quiero, que te adoro, que mi mundo sin ti no seria igual, pero que mis labios se estremecen con otra boca, que mi cuerpo tiembla con otros abrazos, que mi aliento se extingue en otro cuello.
como decirte sin hacerte daño que he dejado de amarte, como decirte que mis lágrimas no son de amor, sino de desesperanza por mi mentira. Porque si... soy una cobarde, me he dejado cuidar, amar, me he dejado querer sin ser consciente del daño que te hacia. Mi egoismo de ser feliz me pudo y ahora me hallo inmersa en esta locura sin razón
y tu boca vuelve a acercarse a mi cuello y siento el calor de tus labios sobre mi piel, y cuando los acercas a mi oreja y en un susurro me dices....."te quiero"... las lágrimas brotan nuevamente en mis ojos, y mis manos se aferran a tu cabeza, enmarañando tu cabello
porque querría morir en aquel mismo momento. Porque estoy siendo consciente del daño que te estoy haciendo. Y maldigo el día que dejé de amarte, maldigo el día que nací, porque no te mereces el daño que te estoy provocando. Porque no te quiero perder, te quiero mi niño, te quiero, pero amo a otro..¿ como decirtelo?
¿cómo fundirme en tu cuerpo y que tu dolor lo sufra yo?, que soy la culpable de todo.
Y me miras a los ojos y me dices, "no llores", "Ni una lágrima más". Y tu sonrisa... esa gran sonrisa nace en tu boca y se extiende a tus ojos. Y me prometes que el agua del mar bañara mis pies y que el sol secara mi cuerpo mientras hacemos el amor, sin tiempo ni pausa.
y mi dolor crece a medida que crece mi odio hacia mí misma. Porque no hay nadie como tú... ¿no lo entiendes?, ¿no oyes mis gritos?, jamás nadie se acercara ni mínimamente a parecerse a ti.
pero...
no te amo
no.
no te amo. Y rompo a llorar mientras me abrazas y me dices que nos vayamos a casa.
mi amor.. mi amor imposible.. esta noche no podre ir contigo.
quién sabe cuando.
quien sabe..
quizas nunca.
La Huida
como cada noche,
como cada maldita noche desde hace tres meses.
Me levanto de la cama y me voy a a la cocina andando con mis pies desnudos, sintiendo el frío suelo a cada paso.
Abro el frigorifico y bebo a morro de la botella, sintiendo un escalofrío en mi piel cuando unas gotas escapan de mis labios y acarician con su fría mano mi pecho.
Cierro la puerta, y apoyo mi frente.
Creo que tengo fiebre.
Al menos el frío del metal me resfresca la cabeza.
Pero no sirve para aclarar mi mente.
No se que hacer...
no sé a donde ir,
ésta es tercer piso alquilado al que voy...
y...
siempre me encuentra.
Siempre.
Sólo es cuestión de tiempo.
De esperar pacientemente a que suene el teléfono.
De levantar el auricular y pegarlo a mi oreja.
Golpeo mi cabeza levemente como intentando evadirme del pensamiento.
Ese maldito timbre del telefono.
Ese maldito sonido....
Paro de golpearme la cabeza cuando me doy cuenta que los golpes cada vez son mas fuertes.
Abro una puerta del mueble y cojo dos aspirinas que me tomo sin agua. Me gusta el sabor amargo que me dejan en mi garganta.
Me voy hacia el salón y salgo al balcón.
Hace frío, mucho frío.
Mi aliento sale en forma de vaho de mi boca, y mi piel pronto se eriza.
La ciudad nunca duerme.
como yo...
Siempre hay alguna luz encendida. Alguien viendo televisión, algún enfermo.
Siempre hay vidas andando, vidas comiendo, vidas amando.
Rinnnnggggg
Ahi está.
Esta vez has tardado mas...
Sólo un poco mas.
Pienso en saltar y acabar con todo.
Pero...
¿serviría de algo? , ¿acabaría mi sufrimiento o sólo continuaría?
Entro en el salón y me acerco al teléfono.
Rinnnggggg
El timbre se me mete en los oidos presionándome la cabeza.
Rinnnggggg
Toco el plástico, y doy un respingo cuando éste vuelve a sonar.
Esta caliente... como tu cuello.
Rinnngggg
No lo soporto....
levanto el auricular y me lo llevo a la oreja.
Cierro los ojos....
Te oigo respirar, muy muy cerca de mi.
Tan cerca que pareces salir del telefono y estar justo detrás de mí.
Oigo tu aliento salir de tu boca, justo en mi oido...
Tengo los ojos cerrados porque no quiero abrirlos y verte...
Empiezas a llorar,
y a hacerme la misma pregunta que me haces siempre....
¿porque?...
Mis ojos ya no puedes estar más apretados.
Cuelgo muy lentamente, aun oyendo como lloras.
Me has encontrado.
Nuevamente.
Me voy hacia el armario y empiezo a hacer la maleta.
La huia continua.
Porque... porque.. porque..porque..
No tengo respuesta.
Dame tiempo. La estoy buscando.
Sigo huyendo de tus llamadas y tu respiración.
Mientras mis manos siguen apretando tu cuello.
porque... porque.....porque....porque...
martes, 18 de marzo de 2008
sucia María
Encaminada a una inminente ruina, seguía por aquel callejón apresurada mientras sus pasos resonaban con eco, cosa que ella ignoraba, al igual que el frío gélido que helaba sus manos y pies, y el cutis de su cara.Ignoraba también la humedad propia de la incesante llovizna que empapaba los adoquines , las fachadas ennegrecidas de aquel callejón, los contenedores de basura, las latas oxidadas y plásticos , las salidas de vapor del suelo, y a ella misma.Su chaquetón, su pelo bajo la capucha de éste, sus zapatos .. calada hasta los huesos, no se percataba de que con ese tiempo invernal estaba a punto de agarrarse a una buena pulmonía, pues ya tosía y moqueaba desde hacia unos meses. Pero pese a todo lo que le habían dicho los médicos y aconsejado sus amigos mas cercanos y sus familiares, ella no guardaba ningún tipo de reposo, ni desde luego se alejaba de aquella vida.Aquella vida que le conducía ahora a través de aquellas largas y sinuosas callejuelas, oscuras, estrechas solitarias.....pero lejos de sentir miedo, lo que sentía era una profunda emoción.Emoción y vergüenza por ser descubierta. Que nadie supiera de su engaño, que nadie conociera de su secreto, de la estafa que traía para con su salud y su vida.
Eran cosa como de las diez de la noche, y aun no llegaba, pero el ritmo de sus pasos se aceleraba proporcionalmente a su ritmo cardiaco, sus pulsaciones que le hacían notar cada latido en la yugular, en los pulsos de las muñecas, en el pecho, en el estómago, como unas pequeñas bombas que iban estallando, cada vez con más fuerza y mayor frecuencia ...Bomm...Bomm...Bomm..Bomm..Bomm..Bomm.Bomm.Bomm.Bommbommbommbomm..
Salió al fin de aquel laberinto intrincado de callejuelas y callejones, a una pequeña plaza mal iluminada con un par de farolas, una de las cuales había sido víctima del vandalismo, y lucía rotos sus cristales.Había unos árboles en torno a una fuente y también unos bancos situados entre árbol y árbol.Bancos, suelo, y fuente se encontraban llenos de hojas doradas y naranjas, ocres y tostadas, , crujientes a las pisadas y otras mustias, que habían caído de los árboles debido al soplar inclemente del viento de los últimos días.
Al otro lado le esperaba una figura en la puerta de una cafetería.Aún no había terminado su paseo.
Era un hombre, con una gabardina gris y un paraguas negro. Estaba fumando, impaciente por que ella llegara al fin a la cita, pero nada nervioso, o al menos aparentaba una calma y una seriedad palpables desde lejos.
Ella no se detuvo un momento, cruzo presurosa la plaza y entró en la cafetería seguida de él.
Apenas se dirigieron un par de palabras, por de pronto él le tendió un pitillo, que, pese a no fumar, aceptó.Sólo fumaba en esas reuniones, había aprendido a tragarse el humo, y también esos silencios, a veces incómodos, a veces, tarea del oficio que tenían como empresa un domingo al mes.Él siempre recordaba que era mejor así, que para nada quería detalles de su vida, ni de su opinión. Recalcaba siempre que cualquier comentario estaba fuera de lugar.
Ella sabía muy bien a lo que había ido, a lo que iba cada vez...mejor dejarlo estar.De hecho no había nombres, no había una dirección, ni nada.
El contacto entre ellos fue meramente fortuito, una tarde en aquella misma cafetería ella había estado esperando largo tiempo a una amiga que no llegaba y él se le aproximo con el único ánimo de hacerle la propuesta que tiempo después ella aceptó.Nunca hubo más preguntas de las necesarias.Excepto una, eso sí..
-Has traído el dinero?
-Sí, como siempre.
-Bien.
Tras tomarse un último café con doble de leche condensada, se levantaron y se dispusieron a salir.
El abrigo empapado, ya que había logrado entrar en calor, era como un jarro de agua fría, pero literalmente.
En los poco mas de trece minutos que estuvieron sentados, no había parado de toser y sonarse la nariz , agotando con ello medio paquete de pañuelos de papel blancos, con un ligero perfume a miel que ella detestaba, pero que compraba su madre y ella por no hacerle el desprecio los tenía que gastar.
Su pelo liso, con algún remolino en la frente, le caía sobre la cara y los hombros, completamente chorreando, hecho canutillos y algo enmarañado por los remolinos de aire que formaba el viento dentro de su capucha.Tenía la piel muy pálida, pero unos rubores le subían hasta las mejillas y la boca. Tenía enrojecidos también el filo de los ojos y las comisuras de la nariz, debido a su pulmonía o bronquitis o lo que fuera que tuviera.De complexión alta y delgada, podía presumir no sólo de buena silueta, sino de una magnífica percha. Era de esas personas que se pusiera lo que se pusiera todo le que daba bien, digna e inconfundible señal de haber pertenecido siempre a una buena familia. De pelo castaño y ojos entre verdes y azules y marrones, gruesos labios y cejas enmarcadas, su rostro quizás no era de una típica belleza, pero claramente de un imponente atractivo.Su porte sereno, confiado, serio a veces, risueño otras, hacía de ella un ser sencillamente adorable, merecedor de ser querido por quienes la conocían.
Una vez estuvieron en la calle la condujo a un coche, un Volswagen Golf blanco con unos años, pero en muy perfectísimo estado, salvo por el pequeño detalle de que le habían sustraídos los cristales de los faros anti niebla y de los intermitentes delanteros, dejando a la vista un para nada bonito agujero lleno de cables, en el morro del vehículo.
Ella se montó detrás como siempre.
Apagó el móvil, como hacía siempre.
Y durante el trayecto, que la alejaba de aquel barrio, a través de carreteras comarcales, la lluvia, lejos de amainar parecía arreciar, y golpeaba con fuerza, casi con rabia la luna delantera del coche así como el resto de los cristales, como si , en el caso de creer en el destino y en las intervenciones divinas, pudiera afirmarse que trataba de decirle a María que cambiase de idea, de advertirle para que cambiase su rumbo.
Pero no, y el rechinar de las gotas de lluvia con el coche se intensificó, dejando de ser agua en estado líquido para convertirse en granizo. Tal cantidad de granizo y con tal magnificencia que apenas lograba verse nada, más allá del limpia parabrisas, el cual funcionaba ahora a toda carrera, como si se hubiera vuelto loco, y la verdad es que parecía que en cualquier momento iba a reventar el sistema que lo mantenía a esa velocidad , despidiendo ambas varillas volando por los aires.
Por fin llegaron a un polígono industrial, y tras torcer un par de veces a la izquierda y otras tantas a la derecha, el coche se detuvo frente a una nave revestida de hormigón, con unas grandes letras azules en su fachada.S
e bajaron del coche y entraron.
El recinto estaba repleto de maquinaria agrícola, repuestos, piezas, herramientas de todas clases. Se trataba de una nave dedicada a la metalurgia, pero en la especialidad de vehículos agrícolas.Todo era tremendamente sucio allí. En aquel lugar todo era polvo, grasa, olores muy fuertes, negrura allá donde los ojos se posaran, ya fueran paredes o suelos, incluso en los posters de mujeres en poses semi pornográficas, también allí había negrura.
A María la acompañaron dentro de un despacho más bien grande, y de forma rectangular, como de unos veintitantos metros cuadrados, que estaba situado en un alto en el techo, a través de unas cutres escalerillas metálicas, en las que ella siempre tropezaba con una goma antideslizante. Por más empeño y cuidado que ponía en no hacerlo, alguno de los pies se le encajaba siempre pues los filos estaban despegados y levantados, formando bullofas a lo largo de los diecisiete escalones.
Allí había más gente esperándoles pues eran los últimos que faltaban por llegar.Había otras mujeres. Estaban desnudas, sentadas en torno a una mesa, con copas de whisky, ron, etc, para que sus cuerpos mantuvieran el calor.
Olía mucho tabaco, casi todas fumaban y mucho, un cigarro detrás de otro.
Alrededor de la mesa, y de las mujeres, había una serie de hombres bien vestidos todos, con sus trajes de Roberto Cavalli, Hugo Boss, Christian Dior, Debota y Lomba...con camisas de Burberrys, Yves Saint Lourent, Ralph Lauren y corbatas, zapatos y cinturones de Valentino, Calvin Klein, Moschino...
Había una interesante batalla entre el humo de los cigarros y el perfume más que embriagador de sus caros y exclusivos perfumes, entremezclados, luchando por resaltar unos sobre otros.La estancia tenía un extraño ambiente.
María de desnudó, dejando ver su delicada y blanca piel, sus muslos gruesos, su culo redondo y prominente, su pubis desprovisto de vello genital como el de una niña , su cintura esvelta y alargada, sus pechos juveniles de rosados pezones, sus hombros huesudos, su largo cuello, su sensual espalda aderezada por su melena húmeda que caía en cascada sobre senos, espalda, cintura...y más abajo aún...
Ya estaban todos.
El juego era bien sencillo. Los caballeros, que así gustaban ellos de ser llamados en sociedad.ponían un millón de euros cada uno.
Ellas solo sesenta mil euros, puesto que no disponían de más capital, de hecho, algunas pedían créditos hipotecarios al banco para poder participar, porque de ganar...era una suma muy importante la que se llevaban..
Eran seis mujeres a sesenta mil euros cada una, y sólo había una vencedora, que se llevaba todo el dinero allí depositado por las otras jugadoras más uno de los millones depositados por los jugadores.Y seis hombres a un millón de euros cada uno, y un único ganador, que se llevaba el resto del dinero.Lo cual convertía aquellas reuniones, no sólo en ilegales, si no también en muy lucrosas para los vencedores .
María ya había participado unas cuantas veces, era toda una afortunada en esa transacción.Con todo el dinero que había ganado, trescientos sesenta mil euros por reunión, y había ganado así como en siete reuniones. ¿Suerte o la intervención divina de la que antes hablábamos?
El resto de mujeres solían ser por lo general, chicas en situaciones complicadas económicamente, con grandes deudas, drogadictas, prostitutas…A ella no le hacía falta el dinero, tenía un buen trabajo, una tiendecita, y su familia estaba muy bien acomodada económicamente, pero, ..la idea de aportar a su vida, emoción, riesgo, peligro...y cantidades ingentes de dinero, la trajeron mucho. Sólo era cuestión de probabilidad. Ya había invertido en Endessa, en Telefónica, en las grandes bolsas japonesas, se había comprado, un ático maravilloso que atribuyó a una muy complicada de conseguir hipoteca, un chalet en la costa que no atribuyó a nade porque lo mantenía aun en secreto, pendiente de percibir de su trabajo el éxito tan esperado por todos en su casa, para poder justificar dicho gasto.
Ahora hacía regalos mas caros y con más frecuencia que antes, conducía un bonito X5 nuevo, y sacaba brillo en el garaje del chalet a su mercedes biplaza de color azul que tanto le gustaba conducir en sus escapaditas secretas.Vestía igual de bien que siempre, pero ahora llevaba complementos que saltaba a la vista que le habían costado mucho más d elo que su sueldo le podía permitirse, asunto que ella hábilmente resolvía diciendo,
- No, ja,ja,ja, pero si es de imitación!-.
Llegado el momento, una vez todos se habían puesto a tono con whisky, ron, coñac, coca, l.s.d. ...los señores se dispusieron a quitarse sus costosas vestimentas.
Mientras los chofers inflaban uno de esos colchones que simulan camas, y lo vestían con sabanas de raso de colores.Las primeras sabanas fueron de color blanco. Una pena.
Como ya se dijo antes el juego era sencillo.
Previa partida de pocker el que sacara la mejor mano elegía turno.
Normalmente, cada uno había elegido ya a su chica, cuestión de la que se solían encargar los chofers, como en el caso de María. Siempre eran guapas, debían de serlo.
Y así, empezó el juego, mientras todos se sentaban cómodamente, o se mantenían de pié a un lado eso sí, para permitir la visión a los demás.El ganador de la primera mano de pocker se llevó a la chica ala cama improvisada, y le susurró a esta que empezara a hacerle determinadas cosas, de manera que la erección no se demoro en presentarse.
Como era de esperar prosiguieron practicando varias posturas, muchas de ellas muy gore, violentas, que incluían, fuertes azotes, ataduras e incluso insultos y degradaciones.
Después de un largo rato de sexo muy duro y muy salvaje, él se dejo caer abajo invitándola a tomar la iniciativa.
En ese momento, su chofer, sacó de un maletín un revolver se lo puso en la mano y éste apunto a la cabeza de la joven.
Ella se excitó muchísimo, tanto que sus jadeos se alzaron de volumen sin llegar a adquirir la categoría de gritos. Su cuerpo entero sudaba, pero desde ese momento eran auténticas gotas de pánico y adrenalina lo que le resbalaban por la cara, por los pechos, todos los muslos empapados.
Bang!
Sonó reverberante, fuerte, contra su frente.
Un humillo con olor a pólvora se percibió en el acto.
Él, que siempre disparaba, como todos, cuando estaba llegando al clímax, alcanzó su punto más álgido de excitación al ver la frente de ella hermosa y agujereada, limpiamente.
Terminó, de hacer lo que había ido a hacer allí, ya con el cuerpo de la muchacha sin vida.
Para eso pagaban tanto dinero y corrían tantos riesgos, para calmar, o potenciar, o experimentar un vicio, una versión del sadismo más cruento.
El revolver de seis recámaras, sólo se cargaba con cinco, con la idea de que hubiera un ganador, y por ende una ganadora.
Los chofers se dispusieron, una vez el primer invitado hubo terminado con regocijo sus juegos y placeres, a limpiar y cambiar las sabanas y ponerlas, esta vez azules, las que le gustaban a María pues de hecho era su turno y el de su compañero de partida.
De nuevo se repetía la escena, en la que un hombre practicaba sexo con una mujer joven y hermosa.
Fuera no paraba de llover, y el viento empedernido pegaba violento contra las paredes de la nave y contra el techo de duralita. Aquello era seguramente lo más parecido a estar dentro de un tambor enorme y tocado con saña. De nuevo el granizo hizo su aparición.
María, trataba de no pensar en lo que estaba haciendo, o dejándose hacer, más bien pensaba en el viaje que tenía proyectado a China, Egipto, Japón, Nueva York, una especie de tour estival.
Su compañero de partida, su sucio, como sucios eran todos , compañero de partida, empezaba a tener las contracciones típicas del orgasmo, el apretar de los dientes, el fruncir del ceño, los gemidos incontrolados...María ya sabía, porque lo había vivido otras siete veces lo que tocaba en unos segundos.
Y efectivamente, el chofer le cedió en revolver, ante la mirada expectante y exarcebada de los demás participantes y aterrorizada en el caso de ellas, pues, ..de salir victoriosa, ellas ya sabían que no dispondrían de ninguna oportunidad de salir de allí con vida.
Proclive desde siempre a este tipo de fantasías, a Maria le había gustado tener parejas como ella que la desearan y que la satisficieran en todos los campos sexuales. Exigente, pues era tendente al aburrimiento, le resultó que esta aberración, cumplía salvo por el detalle de morir, con todas sus expectativas, : sexo con un desconocido, esporádico, ante otras miradas, violento, trasgresor, y además, con ese alto riesgo que tanto la excitaba y hacía que se corriera casi en el mismo instante en que le apuntaba con el arma directamente sobre la frente, no sin antes lamer el ojo del revolver tal y como él le mandaba que hiciese. Se lo solía restregar por entre los pechos e incluso alguna vez llegó a introducírselo...En esos lugares, en esas situaciones, y por ese dinero, vale todo.Y así lo hizo...Después le apuntó en la frente y disparó.
Y así fue transcurriendo toda la noche, chica tras chica, millonario , tras millonario, sabanas de raso de colores, droga, whisky tras whisky...
Al término de la noche, ya prácticamente con el alba sobre los capos de sus coches, fueron metiendo los cuerpos sin vida en los maleteros, para deshacerse ellos, cada chofer se encargaba del suyo.
-Una buena partida.
-Sin duda.
-Hasta dentro de un mes.
-La próxima vez habrá mas suerte.
-Sí, otra vez será.
-Adiós caballeros
-Adiós.
-Adiós.
El chofer que había llevado allí a María la metió en el coche, estaba helada, su pelo aun estaba húmedo, y su rostro pálido.
No la devolvió a la cafetería.
Nunca lo hacía para no levantar sospechas.
Cada vez solía dejarla en un sitio diferente, pues era mucho lo que tenían entre manos, empezando por la cárcel.
El viaje de vuelta fue mucho más tranquilo, ya casi no llovía y la carretera esta vez si se podía ver perfectamente.
La carretera comarcal que atravesaban ahora bordeaba con un río de color verde azulado que a María le encantaba mirar siempre cuando volvían a esas horas.
Quizás porque estaba cansado y necesitaba parar un momento a tomar aire fresco, o quizás, y casi seguro, por hacerle un favor a ella, detuvo el coche a la orilla del río y se bajó para fumarse un cigarro, el último de la noche, después vendría el primero de la mañana.
Sacó a María del coche, llena de sangre envuelta en las sabanas azules de raso, y la tiro al río.
La vio hundirse, y empezó a pensar que esa misma noche tendría que buscarle sustituta.
-Otra vez será chica número veintisiete.
Tiró la colilla, se introdujo en el coche , arrancó y se fue.
martes, 22 de enero de 2008
historia 4: palabras de amor
CAPÍTULO PRIMERO
Cuando Ángela entró en el dormitorio, fue como entrar en otro mundo.
La persiana estaba medio bajada, y la poca luz del atardecer se filtraba creando finas columnas que iba a parar al suelo.La cama permanecía perfectamente hecha, como si su inquilino se hubiese ido a trabajar por la mañana y aguardara pacientemente su regreso.
La pequeña mesa tocador, soportaba una lamparita, un par de fotos, un peine y un frasco de colonia medio vacío.Un gran armario en el lado derecho presidía la habitación.
Ángela avanzó y subió la persiana dejando entrar más luz.
Corrió las cortinas a los lados y se volvió.Dio un pequeño respingo porque dos pies asomaban por debajo de la cama.Bueno, más bien eran dos zapatillas de estar en casa.Ángela sonrió e inclinó la cabeza y vio que efectivamente no había nada debajo.Sobre todos los objetos había una fina capa de polvo.
Como si el tiempo se empeñara en pasar inexorable sobre nuestras vidas, recordándonos que todo aquello que permanece quieto e inmóvil, es cubierto por el paso del tiempo.
Se acercó a la mesita y abrió el primer cajón.Había algunos pañuelos de tela pulcramente doblados.Cogió uno y lo observó.
Tenía grabado en él la palabra C.Carlos... ay Carlos...Se llevó el pañuelo a su nariz, y olió aquel olor tan familiar.
¿Cómo era posible que lo guardase?. Quizás había rozado su piel antes de guardarse. Había tocado sus manos impregnadas de su aroma antes de que el cajón preservase su olor.
A Ángela las lágrimas se le apelotonaban en sus ojos, como soldados paracaidistas dispuestos a saltar a la más mínima oportunidad.Dejó el pañuelo en su sitio, y abrió el segundo cajón.Había sólo un álbum de fotos.Ángela lo cogió y se sentó en la cama.
Fue pasando las hojas y esta vez ya el llanto no se puedo reprimir.Veía a Carlos, de niño, vestido para la primera comunión, con sus compañeros de colegio, vestido con un traje horrible, con camisa de chorreras, quizás para alguna boda. Con barba, y camisa hippie, encima de una montesa roja, con los amigos del trabajo...
Ángela ya no podía soportar las lágrimas y cerró el álbum de fotos.A veces ver la vida de alguien detenida en unas fotos puede ser, según las circunstancias muy duro.Dejó las fotos en el cajón y avanzó por la habitación hacia el armario.Al lado había una foto de Carlos, vestido con un traje negro. Al lado su mujer, con un radiante vestido blanco.
El día de su boda...
Ángela se secaba las lágrimas con el dorso de su mano...
El día de su boda...
Sin volver a mirarla, abrió el armario.Había muchos pantalones, chaquetas, camisas pulcramente dobladas, en sus perchas.Sin querer prestar mucha atención, fue cogiendo perchas y las fue colocando sobre la cama.Cuando tuvo un buen montón, salió un momento de la habitación y volvió con un rollo de bolsas de basura.Quitó una y la abrió, y empezó a meter ropa dejando las perchas a un lado.Había una sensación que le iba adueñando de su pecho. Como si algo le aprisionara, como si alguien la abrazara muy fuerte y no la dejase respirar.
Las lágrimas pugnaban por salir a borbotones y Ángela hacía verdaderos esfuerzos para contenerlas.No dejaba de recordar las fotos, esas malditas fotos.
¿Por qué las había visto?
¿Por qué?
Sólo venían esas imágenes a su mente, y el hecho de meter toda esa ropa en bolsas de basura...era como tirar la vida de alguien al contenedor.
Pero esas fotos... regresaban una y otra vez a su mente.
Una y otra vez...Con su barba, con aquella camisa desabrochada, con el pelo mojado por el mar...
La presión en su pecho era cada vez más fuerte.Así que Ángela cogió rápidamente la ropa que quedaba y la fue guardando en las bolsas que iba llenando.En la parte de abajo había algunas cajas llenas de cosas.Papeles, mas fotos, zapatos...
Sin prestar mucha atención fue guardando esas cajas también en las bolsas.
Y entonces es cuando aquella caja marrón de zapatos se le cayó al suelo y se abrió.
Su foto.
Había una foto suya boca arriba encima de lo que parecía un montón de cartas.
Ángela se agachó y con sus dedos temblando, se puso de rodillas en el suelo para ver aquella foto.
Si.
Era ella.
Con su vestido rosa.
Bueno la foto era en blanco y negro, pero la recordaba muy bien.
Lo estrenó para las fiestas del pueblo.Aquel mismo día le hicieron la foto.
¿Cómo diablos había llegado su foto allí?
Le había perdido la pista hacía tiempo...
Pero no entendía que podía hacer escondida en una caja de zapatos de Carlos.
Cogió los papeles que había debajo.Efectivamente eran cartas.Pero cartas sin enviar.No tenían nada escrito en sus costados.
Ángela cogió la primera del montón.La abrió con unos dedos que apenas podía ya manejar.La desplegó y leyó la primera línea...
"Mi amada Ángela"
Ángela se quedó de piedra, su corazón se paralizó y su pecho se negó a respirar.Su boca se abrió intentando atrapar algo de aire para sus pulmones... pero era inútil.
Era como si le hubiesen dado un puñetazo en pleno estómago y se hubiese detenido su vida.Sus ojos leían y releían esa primera frase una y otra vez.
No supo cuánto tiempo estuvo así...
Hasta que un gemido nació de su garganta.
Fue más un lamento.Y entonces llego el llanto.
Fue un llanto profundo, desgarrador, cruel, que nacía de lo mas hondo de su ser y que parecía arrancarle la vida en cada brutal arcada para coger aire.Más que llorar gritaba, gritaba con un dolor tan profundo que su garganta le dolía, sus ojos le ardían por las lágrimas que no cesaban de salir.
Su estómago se doblaba de dolor y Ángela se dobló sobre sí, con aquella carta contra su pecho y cayó al suelo con la cara completamente mojada en lágrimas.
Gritaba y gritaba de dolor.
El dolor de la pérdida y la comprensión.La comprensión tardía.Ángela seguía llorando y llorando...
Fuera el sol se ocultaba sobre el horizonte.
Y sus últimos rayos dorados se filtraron por la ventana.
El cielo empezaba a oscurecerse.
Llegaba la noche
Llegaba el frío
Llegaba el dolor.
publicado por Sueño
CAPÍTULO SEGUNDO
Mi amada Ángela
El día ha sido muy largo, como toda la semana.Hoy he salido con Pedro a tomar unas cervezas, para hablar del próximo fin de semana.
Pedro quiere que vayamos de cacería.
Ya lo tiene todo preparado, los jerseys de lana, la tienda, la cantimplora...la lista de ingredientes que tenemos que comprar para rellenar los bocadillos...
En fin que le hace ilusión, hace tres meses que no ha podido salir con lo de su rodilla, y ahora quiere aprovechar.
Pero a mi la verdad no me hace tanta. Lo que yo quería era quedarme aquí en casa, en el pueblo.Crees que no llevo pensando desde el año pasado en este fin de semana?
Las gloriosas fiestas del pueblo por fin han llegado, por fin están aquí. Y se acercan cómo agua de mayo para mí la verdad.
Si no hubiese sido tan tonto , si no fuera tan tímido,¡¡ ah!! Te habría pedido bailar el año pasado.
O te habría dicho algo al menos, no sé, te habría dicho
-prima¿ tienes sed?¿Quieres un refresco?
Pero es que no me atreví.
El caso es que al final sí que crucé unas palabras contigo, pero nunca te dije lo que realmente pensaba.
Recuerdo que estrenabas un vestido rosa maravilloso, que endulzaba aun más si cave los colores de tu cara. Nunca te había visto tan guapa, estabas distinta, parecías más mujer que muchacha, pero en cualquier caso, muchacha o mujer, una hermosura de niña.
Te hicieron una foto días antes, y te acercaste a mí para enseñármela.
Me preguntaste - qué primo, ¿salgo guapa o qué?
Yo me hice el duro, el digno, el vergonzosamente tímido, y te dije -bueno no estás mal Ángela, sales normal, no?
Así que, puedes comprender las ganas que tenía de que llegaran las fiestas otra vez y te volvieras a poner tan guapa, y decírtelo, y bailar juntos, y no sé quizás confesarte lo que siento por ti.
Pero, ahora la verdad es que ya no sé que hacer. Me da pena dejar tirado a Pedro.
Y no quisiera perder esta oportunidad que se me antoja ideal, para preguntarte si querías ser mi novia, y si tú aceptas claro, hablar con tus padres.
¡Dios mío!
¿¿He dicho mi novia??
¿Ves? Me pierdes....
Y ya puestos, me perderé del todo....al fin y al cabo mi querida Ángela, estas cartas como bien sabes , son sólo para mí.
Te las escribo para desahogarme, para poder decirte lo muy enamorado que estoy de ti, desde hace años. Lo mucho que pienso en ti, casi constantemente.Lo preciosa que creo que eres...
Ay! si te contara todos las noches que sueño contigo, y te cojo de la mano, y tu me sonríes y ...entonces, te digo que te quiero, y tú me dices que también me quieres...
A veces me siento como un chiquillo, y quizás lo sea. Un chiquillo enamorado, loco de amor por su prima Ángela.
Del cielo cayó un rayo de luz
que alumbró todo a su paso.
Era cándido, y de un color blanco.
Mi corazón que cree en Jesús,
lo buscó sin descanso.
hasta acertar con un milagro.
Era de hermosura sin par,
a campanas sonaba su voz,
caída del cielo sin más,
su bondad me robó el corazón.
Mi Ángela que mira con sus ojos de amor.
¿Qué es sino una criatura de Dios?
Por cierto, en un despiste tuyo cuando enseñabas la foto a tu madre a tus tías, metí la mano por medio y la intercepté. Espero que no la habrás echado mucho de menos. ¡¡Qué vergüenza si llegaras a adivinar...!!
Ahora al menos, puedo verte siempre que quiera, aunque en la foto tu vestido no sea rosa sino gris.
Siempre tuyo,
tu primo Carlos que te adora.
publicado por Emperatriz
CAPÍTULO TERCERO
El beso.
Aquel beso robado en la templada noche de agosto.
Aquel beso furtivo en las fiestas del pueblo.
Ángela tumbada en la cama de Carlos, no paraba de llorar, abrazada a un montón de cartas. Otras estaban esparcidas, abiertas por la cama. Con sus entrañas de sentimientos expuestas por primera vez a la luz del día.
Porque la luz del sol se filtraba por las persianas, llenando de luz la habitación.
Había pasado toda la noche leyendo las cartas y llorando.
Aquel beso...
Aún lo podía revivir como si estuviese allí ahora mismo.
Con el olor del verano; de las noches de verano. El olor del algodón de azúcar, el sonido de los niños en los caballitos, su vestido nuevo, la forma en la que olía y crujía la tela y se adaptaba a su cuerpo... la sonrisa que iluminó su cara cuando vió a su primo Carlos.
Sus pasos apresurados que le llevaron hacia él.El leve toque que dió con su mano en su hombro.
Las palabras...
-¡Hola primito!
Carlos se giró, y Ángela notó en su cara que no pudo reprimir un gesto de sorpresa. Sus ojos la recorrieron de arriba abajo.Ella mientras tanto dió una vuelta completa sujetándome los lados de la falda en un gesto risueño.
-Caray, primita. No estás nada mal. Nunca te había visto con este vestido. ¿Es nuevo?Ángela asintió con la cabeza.
-Pues me debes un baile. -la sonrisa de carlos era franca y de oreja a oreja. - Voy a ser la envidia del pueblo esta noche.
-Eso está hecho. -Si la sonrisa de Carlos, era amplia, la de Ángela al oir aquellas palabras era indescriptible.
Carlos fué hacia la mesa que había cerca de él, y soltó el vaso de vino que tenía en la mano. Se acercó a ella y levantó las manos con una sonrisa que podría derretir toda la nieve de las montañas.
El corazón de ella latía fuertemente cuando cogió esas grandes y ásperas manos y comenzaron a moverse lentamente al compás de la música. Los ojos almendrados de Carlos no se apartaban de los de Ángela. Había como una corriente hipnótica entre los dos que no se podía romper.
El sonido de la música, los niños, las voces; todo se hacía lejano. Era como si sólo estuviesen los dos bailando en aquella plaza.
El hecho de ser primos permitía a Ángela acercarse a él un poco más de lo que el decoro permitiría en otras circunstancias.
Carlos apenas usaba colonia, pero olía muy bien. Podía oler perfectamente el jabón de afeitar.El olor de la chaqueta, su propio olor corporal. Eran una mezcla de olores y sensaciones que Ángela tuvo que, en un momento cerrar los ojos y dejarse llevar por Carlos porque se estaba mareando.
¿Qué le estaba pasando?, que su primo le gustaba siempre lo había sabido. Pero siempre había podido mantener las distancias. Pero aquella noche estaba siendo distinto.Ángela apoyó su cabeza en el pecho de Carlos, pero las sensaciones y los olores se multiplicaron por mil.
-¿Estás bien?- dijo Carlos preocupado.
-No se... me estoy mareando un poco.
-Anda vente, siéntate un poco.
Carlos la llevó cogida de la mano hasta una silla y la sentó. Rápidamente fué en busca de un vaso de agua y se lo ofreció.
-Gracias, quizás he bebido mucho vino.- Le ofreció a Carlos una sonrisa tranquilizadora.
Carlos se agachó, dejó en el suelo, y cogió las manos de Ángela.
-¿Seguro que estás bien, primita?.Ella no podía dejar de mirar sus ojos, la línea de su mentón, el pelo recogido hacia atrás, sus pestañas. Todo llegaba hacia ella traido por su voz.
-Sí, seguro primo. Me quedaré aquí un rato para despejarme. Estoy bien, no te preocupes.
Y así estuvieron un buen rato charlando de cosas absurdas y tonterias. Hasta que Carlos vió a su cuñado y se marchó a tomarse unas copas de vino.
No podía parar de pensar en lo que le había pasado.Sí... seguramente había sido el vino dulce. No estaba acostumbrada a beber, y se le había subido a la cabeza, y con tanta vuelta...
Ángela cuando se recuperó se levantó y se fué a hablar con su madre y sus tías. Bailó con un tio suyo, con su madre, con su prima, y cuando ya le dolían las piernas de tanto bailar, alguién la cogio del hombro, y le dijo...
-Me tienes que conceder el honor...
Era Pedro. El mejor amigo de Carlos, y se le veía que estaba algo borracho.
Pedro siempre le había caído en gracia, era un chico muy guapo y simpático.
La verdad que él de siempre la había buscado, para algo más que una amistad, pero Ángela simpre le había dado largas, sin saber muy bien porqué.
Comenzaron a bailar, pero como él estaba borracho, tropezaban mucho, y chocaban con otras parejas. Ángela no podía parar de reir al principio, porque le hacía gracia la situación. Además a Pedro la lengua se le trababa, y resultaba muy gracioso.
Cuando acabó el baile se la llevó hacia la parte de atrás de la plaza cogida de la mano. En principio a ella la situación le parecía simpática porque era agradable ver como le gustabas a un hombre.
Cuando estuvieron solos, la música llegaba a lo lejos amortiguada por la distancia. Había una luna enorme en el cielo, y miles de estrellas salpicaban de luz su techo.Pedro entonces la abrazó y comenzó a bailar con ella con sus cuerpos pegados.
Ángela no sabía muy bien qué hacer. La situación aunque romántica era un poco tensa puesto que si alguien los veia...
Pedro era muy fuerte, y la sujetaba para que ella no pudiese escabullirse de sus brazos.
-Pedro, será mejor que volvamos.
-No te preocupes, nadie nos ve.
Pedro la miraba fijamente a los ojos. Los brazos de Ángela caían a los costados sujetados por los fuertes brazos de él.
Ella intentó escabullirse retorciéndose pero él no la dejaba moverse.
La situación empezaba a no gustarle.
Los ojos de Pedro ardían de deseo, y su cabeza empezó a moverse... acercándose a la de Ángela.
Ella sabía lo que iba a pasar, y si bien no le desagradaba, la situación no era ni mucho menos como ella había soñado.
Cuando los labios de Pedro se unieron a los suyos, Ángela cerró los ojos.
Cuando los abrió, una sombra los comtemplaba a lo lejos. Estaba inmóvil, erguida, con un vaso en la mano. No se veia quién era, pero la silueta para ella era inconfundible.
La sombra dejó caer el vaso al suelo, y se marchó lentamente, por la calle arriba. Con el sonido del cristal, Pedro se separó y miró hacia atrás. No vió a nadie pero soltó a Ángela.
Un nombre se repetía en la cabeza de Ángela.
Carlos... Carlos... les había visto besarse.
Pero qué hacía allí.
¿Los había seguido?
¿Por qué?.
¿Le había molestado verles besarse?
Preguntas sin respuesta hasta ahora. Hasta este mismo momento, hasta este mismo día.
En aquella cama plagada de cartas abiertas.
¿Qué hubiese pasado si no hubiese existido aquel beso?
¿Qué hubiese pasado si no hubiese existido aquella maldita guerra?
Eran muchas preguntas que iban encontrando respuesta.
Aunque cada respuesta se adentraba en las entrañas de Ángela como un puñal ardiendo.
Había vivido una vida equivocada.
Una vida fingida.
Una vida que quería olvidar.
Sólo quería volver,volver a aquel baile y ..arreglar las cosas.
Sólo eso.
Y con ese pensamiento quedó dormida.
publicado por Sueño
historia 1: los hijos de la luna
CAPÍTULO PRIMERO: LOS HIJOS DE LA LUNA BLANCA

Era de noche, con un cielo negro oscuro.
El cielo estaba plagado de estrellas, y la Luna Blanca, estaba
especialmente brillante, y grande, mucho más que cualquiera de
las otras dos lunas vecinas, con las que compartía las alturas, la
Luna Verde, o la Luna Roja.
En el Acantilado de Clame, Mara esperaba junto a su marido Ares, el momento de dar a luz. Era costumbre en su familia que las mujeres fueran allí, a traer a sus hijos al mundo.
Todo el lugar era de piedra. El suelo, las paredes escarpadas del precipicio, la pequeña cueva en la que Mara aguardaba la feliz llegada de su primogénito...
La piedra era fría, lisa, negra , muy brillante, tanto, que reflejaba la luz de las estrellas y la luna. Lo que convertía a aquel pico, en un lugar sublimemente iluminado por la propia fuerza de la naturaleza.
Todo era calma , un magnífico silencio reinaba la madrugada.
Llegado el momento, Mara se dirigió fuera de la cueva, hasta el saliente más alto del pico en el que se encontraban. Quedó fascinada por la luz que se iba incrementando por momentos, debido a la intensidad con la que la Luna Blanca brillaba esa noche, y al reflejo de la misma en el cielo del acantilado.
Era un espectáculo digno de ser visto, y ella estaba allí, agachándose, y pariendo, con un sólo esfuerzo, de un único empujón, a su hija.
Ares, que estaba junto a su mujer, sujetó al bebé entre sus calientes manos.
Y sintió como el corazón se le iba directamente a sus dedos, los mismos que tocaban ahora a su hija, su primera hija, que estaba mirándole con sus ojos de recién nacida. Estaba llena de sangre y manchada con la placenta, era tan pequeña al lado de ellos...
La sujetó con una sola mano, para llevarla al interior de la cueva, donde habían preparado, telas y agua del río, para limpiarla, y con la otra mano, ayudó a Mara a levantarse. Estaban radiantes de felicidad, mirándola, mientras caminaban lentamente por las molestias que sentía ella.
De pronto una gota de agua, de lluvia, cayó en la frente de la niña, arrastrando parte de la sangre .Ares, miró al cielo, sorprendido, pues, la noche estaba clara y despejada.
Entonces algo pasó, que, llamó su atención. Otra gota, cayó de nuevo en la carita de la pequeña, limpiándola, y dejando ver su rostro muy blanco, sus grandes y redondos ojos negros. Otras gotas cayeron sobre su pelo, negro liso y abundante. También sobre su pecho, sus bracitos, las manos, las piernas, los piececitos ...
La lluvia lavó, limpió el cuerpo de la pequeña. Ares y Mara , no salían de su asombro, pues, la lluvia, solo caía sobre su hija, mojándola, mágicamente, únicamente a ella. Delicadas gotas, que suavemente habían acariciado la piel de la recién nacida, lamiendo los restos de su nacimiento.
Ahora, mojada, relucía como un diamante bajo los haces de luz de la magnífica Luna Blanca, que parecían incidir sobre ella con especial intensidad.
Ares, empapado, eso sí, en sus propias lágrimas, alzó el brazo al cielo con su pequeña en la mano, y en ese momento Mara la llamó Eileen, hija de la luz.

....................................
Al otro lado del acantilado, entre la espesa vegetación, de altos árboles, de copas frondosas de hojas verdes y coloridos frutos y alegres flores, la luz de la Luna Blanca penetraba tocando el suelo verde cubierto de suave césped, los troncos alargados hasta el cielo, las hierbas que crecen caprichosamente por doquier, la tierra fría ...Tocaba también ,llenándolo de luz, un hermoso lago, de aguas quietas , celestes y cristalinas. Con bellos nenúfares en la superficie, que parecían con la luz de esa noche, perlas flotantes, que como en un sueño, magnificaban la hermosura de ese paisaje de fantasía. Allí, junto a la orilla del lago, la misma lluvia que había bendecido a Eileen, bendecía ahora, con su misteriosa caída, a otro recién nacido.
Conforme las gotas le iban resbalando por el cuerpo, se descubría una piel radiantemente blanca, como la de Eileen. Las gotas que caían por su cabeza descubrían ,un pelo plateado largo y sedoso. Las que caían en su rostro, unos ojos negros de maravilloso esplendor. Las que cayeron sobre su frente, un hermoso cuerno largo, afilado, enrollado en espiral, del color de las perlas del mar, que al recibir sobre él los rayos lunares, desprendió tal reflejo, que todo pareció realmente mágico.
Su padre, un corpulento y hermoso unicornio alado, maravillado con aquella visión, le llamó Badar, hijo de la Luna llena. A lo que su madre sonrió encantada.
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Nora en aquel momento arqueó la espalda... lanzó el grito mas terrorífico que Jocel había oído en su vida... y cayó sobre el suelo inmóvil.Este se acercó rápidamente a su mujer, y le levantó la cabeza.Sus ojos estaban cerrados.
Había nacido Elgar.
CAPÍTULO TERCERO: EL HIJO DE LA LUNA VERDE

Debían ser cerca de las seis y media de la mañana, y la luz del día empezaba a antojarse en el horizonte, justo donde se juntaba el cielo con el mar en una línea imaginaria.
-Que no...Que no me convences Oberón, ¡me da miedo! ¡Es demasiado absurdo! Ya me lo parecía venir hasta aquí, pero accedí por ti, y porque vendríamos los dos juntos. Pero esto francamente no me parece tan buena idea, además no sé por qué te preocupas tanto, yo la verdad me veo muy capaz para acompañarte... y qué demonios! ¡¡Soy tu esposa!! No puedes pretender dejarme y que yo me quede aquí sin rechistar!
-Mira Elena, no se trata de que no crea que no eres capaz, ya sé que montas con los ojos vendados, y sé lo fuerte que eres, me lo has demostrado durante todos estos años. Sé que no hay un solo cabello de cobardía en tu melena, y desde luego que no dudo de tu lealtad y de tu amor, pero Elena, esto, lo creas tú o no, y sé que no me crees, es muy peligroso, y si no lo es aun... lo será, te lo aseguro, y ya no estamos hablando solo de nosotros dos, de ti y de mí.
Tenía apenas unas horas de vida, y estaba tranquilito y envuelto en una capa blanca de encajes y brocados que antaño fue de su padre. Su primogénito era un varón precioso de piel dorada, grandes ojos verdes y pelo castaño, con una naricita chata y unos labios perfectos. Era una mezcla exacta entre su padre y su madre.
-No me convences, pero está bien, tienes razón en una cosa, así que de momento nos quedaremos aquí y te esperaremos, y partiremos a casa a tu regreso.
-Eso ni lo dudes. Cuida de nuestro hijo, y ve pensando un nombre digno de su linaje. En cuanto lleguéis lo bautizaremos.
Su esposa, no cerró la puerta, sino que se dirigió a la cuna para coger a su bebé y sacarlo en brazos para que despidiera a su papá.
Le cogió y le llevó hasta el quicio de la puerta para que despidiera a su papá.
-Tú eres mi hijo, hijo de una profecía, hijo de un linaje real, hijo de un destino...
Te llamaré Éverard, el Valiente hijo de la Luna Verde.
publicado por Emperatriz
CAPÍTULO CUARTO: EL ENCUENTRO.
Bajaba corriendo como un torbellino, a través de la hojarasca, pisando con fuerza la tierra y piedras bajo sus pies, rompiendo raices y ramas que se oponian a su marcha.
Lloraba con rabia y trataba de escapar de aquel sentimiento que la tenia presa.El pelo suelto se le enmarañaba al roce con el viento y la vegetación.
Su piel nacarada llena de arañazos, rumiaba su frescura bajo el sudor que manaba con la carrera por el frondoso bosque.Todo era verde y tierra, excepto ella cuya luz interior irradiaba como una luciernaga que ilumina en la noche la más oscura de las cuevas.Llegó a la orilla de un lago cristalino de aguas muy frescas y tranquilas y se detuvo para descansar y tomar aire.Se recogió las faldas de sus vestido el cual había roto y dehilachado por el camino, y descalza, con los pies ensangrentados, se metió en el lago para beber.Se estaba resfrescando, pensando en la absurda prohibicion de su padre de no volver a salir de casa mientras el cielo permaneciera teñido de aquel rojizo color.Pensaba en los planes que habian hecho para que se fuera lejos, y en como ella se habia negado a irse de su tierra, y alejarse de su familia y de su clan.
Pensaba en qué podia hacer para continuar su vida normal, siendo feliz como hasta ahora cuando de pronto, vió como unas hondas en el agua crecian en dirección hacia sus pies.
Levantó poco la mirada dejando caer el agua de su mano, y vió por primera vez lo que tantas otras había escuchado.
Su presencia era imponente, alto y fuerte, hermoso y de apariencia mágica. Todo su cuerpo era blanco, y su pelo plateado y largo ondulaba al viento con altivo porte majestuoso. En su frente un magnífico cuerno de hueso y plata le daba la distinción de principe de los bosques.
Iba directo a ella, con una dulce expresión en sus ojos , llamado por la atencion que había despertado en él, la blancura y resplandecencia que la piel de aquella muchacha lucía, tal y como la lucía la suya propia. También los ojos de ella eran distintos a los demas ojos qu ehabia visto antes en humanos.Estos eran grandes y negros, pero con un brillo especial, como el brillo que de sus propios ojos.

Ella maravillada con aquella visión, casi impulsivamente extendió el brazo para acariciar al unicornio, como queriendo asegurarse de que no era una vision, y para que si efectivamente no lo era, tocarlo, tocar aquel ser tan bello.
Pero algó sintió el unicornio. Su tranquilidad se vió turbada por otra presencia en el lago, entre los arboles, escondida a traición.
Comenzó a reirse a carcajadas, y la muchacha se asustó, e instintivamente se ocultó tras el unicornio al tiempo que este avanzaba posicionandose delante de ella en actitud protectora.
Seguia riendose, con sarna aquella voz grave de hombre joven cuya figura no se distinguia bien aun entre la vegetacion, pese a que lentamente se iba acercando a la posicion de aquellos dos.Cuando finalmente era visible a la luz del sol, su piel roja y sus cuernos en la frente y en los hombros, relucian como piedras preciosas. Sus ojos rojos eran sin duda muy expresivos, y su risa seguia oyendose salir de aquel cuerpo atlético y hermoso, de aparencia demoniaca.
El unicornió sintió como una punzada en su pecho, y dió un paso atrás, pues, había oido hablar del ser al que ahora tenía frente sí. El maligno, el enviado, la sangre de la Luna Roja en carne y hueso, con toca su crueldad, estaba allí mismo, en el Lago de los Unicornios.
El mismo día en que sorprendentemente por primera vez había llegado hasta allí un humano.
Ella en cambio, no fue miedo lo que sintío punzante en su pecho, y dando un paso al frente, se adelanto para mirarle mejor, y al clavarle sus ojos negros de chiquilla en su mirada cruel de chiquillo , dejó reir.
Estupefacto, pues jamas nadie lle había mirado con vida durante tanto tiempo, le advirtió que si no tenía miedo de él, lo tendría. Que sus destinos estaban escritos y que aquel encuentro no era casual. Le contó como la Luna Roja había guiado sus pasos a traves de campos, poblados, montañas, y rios, hasta llegar a aquel lugar, y como en su andanza había dejado hacer a su instinto auqello para lo que había nacido, el mal.
Ella continuaba mirándole, pero seguía sin sentir temor. Se Presentó a aquel muchacho y le deseó suerte en su travesia, aconsejándole que no pasara por su pueblo, pues le estaban esperando desde siempre para matarle y acabar con la profecia de la Luna Roja.
De nuevo él río, sin dejar de mirar fijamente a los ojos de ella, mientras le preguntaba por qué no le mataba ella misma con sus propias manos. A lo que ella respondió, que no tenía nada que hacer ante un ser tan terriblemente poderoso, y que prefería quedarse alli en el agua, hablando con él.( Observando el extraño fondo negro de sus ojos rojos.)
-Está bien Eilen, por esta vez te dejaré ir con vida, a ti y a tu caballo. Pero volveremos a vernos y entonces...
Y dándose la vuelta desapareció.
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CAPÍTULO QUINTO : SU NATURALEZA
- Aquí, ponedlo aquí.

Y sus pensamientos se centraron en lo que había venido a hacer

Publicado por Sueño.
CAPÍTULO SEXTO: ELGAR DE PASEO
Camina lento, cada paso suyo pesa como una montaña, así lo siente el suelo por el que avanza, parsimonioso, tranquilo. Como su respiración, que se detiene en todos los olores de la vegetación, del campo que atraviesa.
Deja un rastro de gotas de sangre que chorrean del hacha que sostiene firmemente con su mano izquierda.
Él ni siquiera es zurdo.
Nunca le hizo falta arma o instrumento alguno para arrebatar la vida de cuantos se le ponian por delante.
Pero el capricho, como prueba para saber que se podía sentir, se le antojó interesante.
Y lo cierto es, que pese a lo lento que le había resultado, si que encontró en los por menores de abrir cuerpos y desmembrarlos un renovado aliciente.
Después de todo, sólo agarrarlos por el cuello para rompérselo, por ejemplo, era algo tan extremadamente sencillo, que su naturaleza práctimanete le exigía o le suplicaba algo de vigor en sus actos.
Diestro de ambas manos, con la fuerza de un toro mitológico, torpe por lo novedoso, en maniobras como la que iba a emprender, sujetó a su primera presa del cuello , pero con la fuerza minimamente indispensable para, mantener pegado al suelo de tierra rojiza su cuerpo , y con la mano izquierda provista de aquel improvisado y escogido nuevo utensilio que , tantas veces había visto en manos de hombres para talar árboles, apilar leña, descuartizar piezas de caza. Calculó meditadamente la distancia y la fuerza que habría de emplear para propinar golpes precisos en cada movimiento.
En cuantó comenzó , la carne se abrió fácil, al momento, y las costillas lucieron limpiamente seccionadas. La sangre no dejaba de brotar, y también otros fluidos, y fragmentos de grasa, órganos, y astillas, todo ello mezcla entre compacto y deshecho.
No le pareció mucho más útil aquel hacha que su pulgar, pero, se rindió ante la evidencia de que le confería a aquella tediosa sed suya, un nuevo cariz, al que le podía sacar mucho partido, poniendo algo de imaginación por su parte. No perdía nada por experimentar un tiempo, antes de volver a sus prácticas artes.
Publicado por Emperatriz